Videos Porno Largos

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Follandome a una tia con gran culo


Llegué al súper y aun estaba cachondísima, el faje que me había puesto Julito ya había hecho estragos y comencé a sentir como me mojaba. Mi andar era un infierno a cada paso que daba, mi cola disfrutaba del rose con mi pantalón justo en el mero ojete de mi culo. Debía hacer algo antes de seguir o estallaría.

Fui directamente al baño y deje a mi niña pegada a la puertecilla, así yo podía ver sus piecitos y sabía que ella estaba parada junto a mí. Me baje el pantalón; y que a tiempo lo hice porque mi conchita ya escurría, limpie lo más que pude y mientras buscaba pañuelos en mi bolso vi mi lápiz labial… y por pura inercia solo lo hice.
• Ya acabaste mami? – decía mi niña llamando a la puertecilla.
• Ya casi bebe – decía yo mientras dedicaba toda mi concentración a machacarme el culo con el lápiz labial.

Sí, estaba usando un lápiz labial para darle placer a mi agujero ahogando mis gemidos con la respiración.

Cuando vi el labial dentro de mi bolso lo único que pensé fue “esto me servirá”; intente primero meterlo tal cual pero como yo era aun virgen del culo poco pude hacer y mi culo no lo dejo entrar; así que lo destapé, lo giré y recuerdo como se asomó ese color rojo que según yo se moría por penetrarme y yo por sentirlo, y comencé a pintarrajearme el hoyo, delineándolo como si fueran mis labios hasta que poco a poco y sin saber en que momento sucedió; ya lo tenía bien clavado en el culo. El gusto me duro poco porque el lápiz se quebró, pero conseguí bajarme un poco la calentura.

Me limpié y salí del baño con mi hija para comenzar a hacer las compras. Al caminar por los pasillos mi cuerpo ya estaba más tranquilo y yo también, pues sentí que estaba a punto de putear para conseguir una verga; y no es que no me gustara, pero por Dios; iba con mi hija de dos años.

Lo primero que echábamos al carrito siempre eran los dulces y mientras mi hija escogía unos chocolates yo hacía una lista en mi cabeza de lo que hacía falta en la casa, cuando de pronto alguien con voz gruesa interrumpió mi pensamiento.
• Señora salúdeme al reno de la nariz roja – me dijo un viejo a la vez que me lanzó una sonrisa malévola.

Lo ignoré pensando en que estaría loco y me dirigí a los dulces donde estaba mi hija. Podía sentir como la mirada del viejo seguía clavada en mí; bueno en mi culo seguramente, cosa que no me extrañó, y ahí reaccioné; “seguramente tengo una delatadora mancha roja en el culo y ¿el viejo descarado todavía tuvo el cinismo de hacerme ese comentario tan vulgar?” – pensaba mientras trataba de calmarme, pero mi molestia fue opacada rápidamente por mi lujuria, pues poco necesitaba yo en ese momento para reencender mi chispa.

Traté de no darle importancia y seguí acomodando los víveres en el carrito del súper pero aquel viejo de casi 60 años no dejaba de mirarme y a donde yo iba él me seguía también con un carrito fingiendo estar comprando. Decidí que no me dejaría intimidar y continuaría con mis compras; pero era inútil. No podía ignorar el hecho de que traía a un viejo canoso atrás de mí, calentándose viendo como mis nalgas me devoran el pantalón con una mancha roja justo en el ojete; lo cual era excitante también para mí.

Hice mis compras lo más rápido que pude y llegué a la fila de la caja con el viejo atrás de mí. Parecía perrito siguiendo a su dueña, y yo prefería que el viejo siguiera mirando a que nuevos curiosos comenzaran a echarme sus miradas así que muy quietecita seguí delante de él dándole la espalda y me puse a leer un folleto.

Cada vez que avanzaba la fila yo lo hacía y cuando me detenía, él me daba un leve empujón con su carrito y yo no decía nada, creí que porque solo quería que mi exhibición terminara pronto sin llamar la atención pero al segundo empujoncito descubrí que me estaba calentando de nuevo y me gustaba; además “¿que podía pasar entre tanta gente y yo acompañada de mi hijita de dos años?” así que dando cuenta de que todo estaría bajo control también levanté un poco la cola para provocar al viejo y disfrutar del momento.

Sabía que yo no dejaría de andar de ofrecida y mucho menos ahora que ya le había agarrado el gusto… era una “calienta-vergas” sin remedio y me gustaba, lo que quedaba era disfrutar de ello.

Cuando llegué a la caja ya me había apartado del viejo y estaba con mi hija a un lado quien se comía su golosina mientras yo esperaba la cuenta para hacer mi pago y marcharme. Dudaba para regresar mi mirada al viejo, no quería que pareciera que lo estaba invitando a algo más pero sí quería ver la cara de lujuria que seguramente tenía.

Justo en lo que yo me decidía en si mirarlo o no, sentí como se acercó hasta mí – (para que la gente no saque el carrito del súper, el pasillo que hay al salir de la caja es muy angosto) – “¿que me va a hacer?” – pensé; pero se siguió y al pasar junto a mí puede sentir su verga rozándome el culo. Salió y algo le dijo a uno de los niños “cerillos”, no escuche bien pero sabía que solo había sido un pretexto para restregarme su verga y yo encantada le iba a dar gusto. Sabía que regresaría a la fila por su carrito así que me hice un poco hacia atrás para achicar aun más el pasillo y paré la cola. Cuando él regresaba, inmediatamente entendió mi mensaje.
• Con permiso señora – dijo con su voz gruesa y se deslizó por mi culo restregándome toda su verga; y aunque casi me aparta de ahí puse tal resistencia que no me movió de mi lugar ni un centímetro.

Su verga era enorme, mis nalgas me hicieron saber que era muy gorda y larga “y eso que aun no la tiene parada” – pensé.

Varios de los que seguían formados se dieron cuenta del restregón que me había acomodado el viejo, incluso la cajera lo noto pero no me importó; se que lo volvería a hacer. Tomé mi ticket con mi cara muy en alto pero sin mirar al viejo, y camine hasta el auto acompañada de dos de los niños “cerillos” ayudándome con las bolsas.

Después de acomodar todo en el auto, uno de los “cerillos” me dio un papel doblado “lo tienes de campeonato y te lo voy a romper” – decía el papel, y obvio que sabía que se refería a mi culo.

Les di unas monedas a los “cerillos” y regresé a recoger a mis hijos.

Cuando llegué a la escuela de fútbol no quise entrar y decidí esperar a mis hijos en el auto; la razón era simple, mi cola colorada ya había dado suficiente espectáculo en el súper como para dar otro show delante de mis hijos. Mientras los esperaba aquello resonaba en mi mente “lo tienes de campeonato y te lo voy a romper”, la verdad es que me hubiera gustado dejarle al viejo cumplir su promesa o su amenaza, me hubiera entregado sin reservas a aquella enorme tranca que se restregó en mi cola. Lastima que el viejo solo pudo mandarme un mensaje pervertido que no llegaría a más.

Tras esperar un rato llegaron mis hijos pero venían acompañados de Julito (el tipo que me fajo hacía unas hrs.).
• Hola de nuevo Andrea, vine personalmente para invitarlos a la fiesta de cumpleaños de mi hijo – decía Julito mientras mis hijos a su espalda me hacían señas de no querer ir.
• Gracias Julito, ahí estaré. Niños súbanse al auto que ya es tarde – dije solo para apresurar en salir de ahí.
• Se que Javier tal vez no podrá ir por lo de su trabajo, pero serás bienvenida – dijo Julito, y el muy imbécil me lanzó una lujuriosa sonrisa delante de mis hijos, pero por suerte ellos no lo vieron.

Ya en el auto les dije a mis hijos que solo le seguí la corriente al tipo y que si no querían ir a la fiesta no había problema.

Cuando llegamos a casa aun no había llegado mi esposo, y les dije a mis hijos que en cuanto llegara su padre encargaran una pizza para comer, que yo estará arriba dándome un baño.

Sola en mi recamara me quité el pantalón y vi la enorme mancha roja en forma de circulo; era muy grande, señal de lo mucho que mis nalgas tragaban del pantalón, “si que tengo un culazo” – me dije excitada y con muchas ganas de hacerme una paja. Al entrar al baño de mi recamara bastó el percibir esa fragancia de aromatizante de coco para que mi conchita empezara a lubricar; pues bien sabía lo que le esperaba.

El lunes por la mañana me desperté un poco tarde así que me puse lo primero que encontré y salí rumbo al colegio a dar mis clases.

Cuando llegué a la escuela todos mis compañeros me chuleaban, “a donde vas a ir tan guapa” – me decían mirándome muy coquetos. No es que yo desbordara elegancia; les digo que a penas y me dio tiempo de escoger mi ropa, llevaba una blusa color rosa sin escote pero lo bastante ajustada como para apretarme las tetonas y claro, una falda azul cielo que como todas mis faldas estaba ceñida a la cadera, la verdad es que si me veía muy bien pero mis compañeros exageraban; bueno, es que estaban acostumbrados a verme siempre con pantalón.

Al entrar al salón de clases, los silbidos no se hicieron esperar “que guapa se ve maestra” – me decían las chicas. Después de recibir tantas “flores” de mis alumnos empezamos la clase, y justo cuando escribía sobre el pizarrón recordé que uno de mis alumnos me había mandado una carta el viernes, carta a la que yo estaba agradecida porque me había abierto las puertas a mi nueva yo.

La carta contenía palabras sexualmente ofensivas para mí, pero me excitaba que de una puta de mierda no me bajaran en ella. Quien me la mandó me había dejado especificaciones a seguir si es que yo quería seguir recibiendo ese tipo de cartas, y claro que quería seguir recibiéndolas y tal vez también querría después recibir la leche de mi alumno anónimo.

En la carta este chico me ordenaba que le calentara con mi culo durante toda la clase como siempre lo hacía, que me mostrara como la puta que era; pero lo mas importante era que si yo aceptaba que era una puta y que me gustaba que me lo dijeran debía el lunes llevar puesto mi pantalón blanco con el que mi culo se veía “hambriento de polla” y era la causa de las pajas de mi admirador secreto. Sabía bien que en secreto lo hubiera grabado todo en un vídeo de sexo largo para luego satisfacerse sexualmente viéndolo en el ordenador de su cuarto.

No es que yo quisiera realmente tener una aventura con alguno de mis alumnos pero si quería seguirle el juego, además de que sería mi forma de agradecerle el que me haya abierto los ojos para que yo empezara a buscar a mi semental de leche blanca y espesa; aunque hasta ahora sin éxito alguno.

A la mitad de la clase decidí actuar, pues seguramente mi admirador se desairó al verme entrar con ropa distinta a la que él me había ordenado y no iba a desalentarlo.
• Clase les voy a dar mi correo electrónico – dije mientras lo escribía sobre el pizarrón.
• Y para que maestra? – preguntó una de mis alumnas,
• Bueno, no es para que me ayuden a escoger mi ropa, eh? – “así o más puta” pensé, mientras todos se reían.

Inventé que era para que me escribieran sus dudas y volví al tema de la clase para no verme muy insistente en que tuvieran mi correo. Al terminar la clase me fui a mi cubículo a terminar pendientes y a ver cuanto tardaría mi admirador en escribirme.

Los minutos pasaban y yo seguía con mi trabajo, y con el Messenger abierto. De pronto me llegó un mensaje con el nombre de “toma puta!”, sabía que era él. Aquí la conversación.
• “Veo que te gustó mi carta ¿verdad putita? Dime, ¿algún día tendré el placer de perforarte ese culo de puta que tienes?”.

Primero me puse como desconectada para evitar interrupciones y contesté.
• “Hola papito, antes que nada ¿como se que eres tu el de la carta anterior?”.
• “Jaja creo que estoy soñando, sabía que eras una puta pero no creí que tan ofrecida ¿acaso tu marido no te satisface? O simplemente eres una puta fácil”.
• “Si, soy una puta pero no tan fácil. Tú no eres el de la carta del viernes verdad?”.

Yo seguía haciéndome la tonta, bien sabía que mi admirador debía ser él.
• “Te ordené que trajeras un pantalón blanco ¿lo recuerdas?
• Sí, lo recuerdo muy bien. Ahora te creo.
• ¿Porque me desobedeciste?.
• Discúlpame papito, pero un amigo me lo dejo muy sucio y no lo pude lavar a tiempo.
• ¿Sucio? ¿Te lo llenó de su leche?
• Sí pero por favor perdóname, no volverá a pasar.
Entonces sin decir más me mandó una foto al correo y la abrí, era de su verga, parada, erecta a todo lo que da con unos chorros de semen escurriéndole.
• Te adjunto esta foto y quiero que sepas que tu culo es el causante de esto”.
• “Todo eso lo causé yo?” – yo estaba muerta de la risa, pero sabía que él lo disfrutaba.
• “Tu no putita; tu culo, y dime ¿Cuándo me vas a dar las nalgas?”
• “No se, tal vez si; tal vez no. Bueno, me voy porque me están llamando. Bye!”
• “Bye putita”

Y terminaron los correos; bueno, por ahora.

La tarde transcurrió tranquila, preparé las solicitudes de la especialidad a la que me iba a inscribir y me fui a casa.

En la noche, en la cama con mi esposo yo estaba aun bastante cachonda y él quiso que “falláramos”; si es que al ridículo que hace se le puede llamar follarme, y por primera vez en mucho tiempo me negué, “No tengo ganas” – dije tajante y me dí la vuelta para dormir. En verdad si que tenia ganas, todo tipo de escenas porno me venian a la cabeza y ya tenia hasta planeado como hacer mi vídeo de sexo largo que tendría miles de visitas al subirlo a algún portal porno de vídeos amateur.

Jamás creí que pudiera negarme a Javier sin darle explicación alguna, pero simplemente lo que él pudiera pensar ya me tenía sin cuidado.

A la mañana siguiente desperté con unas ganas tremendas de exhibirme así que me puse una blusa ajustada sin botones pero escotada, y mis pantalones blancos que se me embarraban en todo mi culo y piernas.

Camino al colegio solo podía pensar en la paja que se había dado mi anónimo mientras estábamos en el chat. Tenía pensado exhibirme sin pudor, como lo hacía siempre; como una puta descarada pero esta vez con toda la intención de gozarlo.

Al entrar al aula mi taconeo apagó el bullicio de mis alumnos; señal de haberlos dejado boquiabiertos y empecé a hacer lo que mejor hago, exhibirme como una puta mientras doy mi clase.

Esa clase fue en lo particular la más tranquila que he tenido, yo procuraba darles a mis alumnos la espalda todo el tiempo para su goce, ya estaba harta de escribir sobre el pizarrón pero el gusto de saberme desnudada por todos en la clase bien valía el esfuerzo. No se cuantas pajas iban a hacerse en mi honor esa tarde pero sabía que serían muchas.

Cuando regresé a mi cubículo al poco rato fue a verme el Lic. González; coordinador del área, para llevarme a comer. Aunque yo no tenía muchas ganas de salir a la calle acepté ya que era una profesora con pocas horas a la semana y por lo tanto con mucho tiempo libre y además sin derecho a un cubículo; pero como dije, un culo como el mío saca lo mas tierno y comprensivo de los hombres (no incondicionalmente) así que el coordinador accedió a darme mi oficina y yo no podía negarme a salir con él a comer.

Por lo general cuando salimos me lleva de la cintura y me roza “accidentalmente” el culo, ¿eso es prostitución? muy probablemente lo es y lo peor era que mientras a algunos tipos les permitía sus toqueteos, con mi esposo ya me negaba a todo, incluso me quitaba muy sutilmente cuando él me tocaba el hombro; ironías de la vida.
Llegando al restaurante y como siempre era la envidia del hombre que me acompañaba. Nos sentamos a la mesa y sucedió algo nuevo con el Lic. González quien estaba sentado muy cerca de mí. Él colocó su mano sobre mi pierna por debajo de la mesa y comenzó a acariciarme descaradamente, yo lo miré esperando una explicación pero él solo se dedicó a mirar el menú muy tranquilamente, y yo no dije nada. Toda la comida él me estuvo acariciando la pierna y se reía en mi cara mientras platicaba de cualquier tontería, y yo también fingía y le sonreía.

Al regresar a la escuela me acompañó hasta mi cubículo y a la hora de despedirse se lanzó sobre mí y empezó a comerme la boca, era evidente que venía esperando ese momento desde hace mucho y no se lo quería estropear. Traté de retirarme de él sin mucha convicción y entonces empezó a manosearme el culo, yo seguía sin decirle nada simplemente hacía como si me resistiera, era inevitable; él quería cogerme y yo le iba a dar ese gusto ¿Por qué? porque él era mi superior, porque yo quería todos los privilegios y porque era una puta, su puta de ahora en adelante.

Creí en ese momento que entraríamos al cubículo y que me follaría sobre mi escritorio pero no fue así. Cuando se le dio lo gana dejo de manosearme y se despidió de mí, era señal de que él decidiría cuando iba a tomarme. Yo le regalé una sonrisa y un “hasta luego Licenciado” lo que sólo significaba una cosa, que aceptaba que en adelante yo ya le pertenecía.


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